Se busca secuestrador de cerebros:
el secuestrador se llama Toxoplasma gondii y es un gusano

Sí, lo sé. El título es difícil de creer, pero es cierto. 

Quizás porque como especie nos creemos grandes, importantes y autónomos, no imaginamos que un organismo microscópico pueda tomar el control de nuestro cerebro y nos obligue a comportarnos como él quiere y no como queremos nosotros.

El nombre de nuestro secuestrador es Toxoplasma gondii, (a quien cariñosamente llamaremos en este artículo como T. Gondii) y es el causante de la Toxoplasmosis. 

Nuestro amigo T. Gondii tiene la potencialidad de enfermar a casi todos los animales de sangre caliente, pero para vivir a gusto prefiere alojarse permanentemente en los felinos y especialmente en los gatos.

¿Cuál es el problema entonces? 

Bueno, el problema es que en muchas ocasiones los gatos se alimentan de roedores que están infectados por este parásito, luego regresan a casa, y en casa estamos nosotros.

Aclaremos algo en este punto. 

No estamos demonizamos a los gatos (en lo personal me gustan), pero tener mascotas implica una responsabilidad. Si no estamos en condiciones de ofrecer todo el cuidado que nuestras mascotas requieren, quizás la mejor decisión es no tenerlas, en lugar de tenerlas descuidadas. Volvamos al tema.

Existen varios estudios que han confirmado que T. Gondii es capaz de provocar cambios de comportamiento en los animales que infecta. Por ejemplo, los roedores que están infectados con este parásito sienten menos miedo por la orina de los gatos, lo cual hace que no eviten los lugares que frecuentan estos felinos; y ya saben a dónde nos lleva esta línea de pensamiento: la probabilidad que tienen los roedores de convertirse en comida de gatos se dispara.


Este ciclo es absolutamente beneficioso para el parásito, pues al infectar a un animal que se encuentra directamente en la cadena alimenticia del gato garantiza su paso de un huésped transitorio a uno permanente. Mejor tener casa propia que rentada.

¿Cómo afecta T. Gondii el comportamiento en los seres humanos? 

La mayoría de las personas infectadas con T. Gondii no muestran ningún cambio relevante en su comportamiento. Sin embargo, en un grupo de individuos T. Gondii provoca una importante variedad de manifestaciones comportamentales.  Por ejemplo, en los hombres en los que se ha comprobado la infección se observa un incremento en la desconfianza, los celos, y los comportamientos dogmáticos. En las mujeres se aprecia un aumento de los comportamientos bondadosos, la extroversión, la persistencia y una correcta conducta moral. Así que cuando hablamos de T. Gondii el sexo del hospedero tiene todo que ver.

T. Gondii también podría tener algo que ver con el desarrollo de algunos trastornos mentales. Por ejemplo, este parásito se ha asociado con el origen de la esquizofrenia, el trastorno obsesivo-compulsivo y los comportamientos suicidas.

Un posible mecanismo que explica la variabilidad entre sexos de los comportamientos provocados por T. Gondii se encuentra en cómo este parásito afecta los niveles de testosterona. 

La testosterona es una hormona sexual que se produce principalmente en los testículos de los machos y también en los ovarios de las hembras. En este sentido la testosterona es la principal hormona sexual masculina. De hecho, los hombres producen diariamente 20 veces más testosterona que las mujeres. 

En un reciente estudio  encabezado por el profesor Javier Borráz-León, investigador de la Universidad de Turku en Finlandia y además de la Universidad Nacional Autónoma de México  se exploró la relación entre estar infectado con T. Gondii y los niveles de testosterona en una muestra de 213 adultos aparentemente sanos.

La muestra del estudio se dividió en dos, un subgrupo de 108 hombres y otro de 105 mujeres. A todos los participantes se les realizaron análisis de sangre para comprobar la presencia del parásito y también los niveles de testosterona. Además, ambos grupos completaron una escala que exploraba la presencia de síntomas psicopatológicos.

Los resultados publicados en la revista Adaptive Human Behavior and Physiology fueron impactantes. En primer lugar, del total de hombres incluidos en el estudio, 35 participantes (el 16.4% del total) fueron positivos para Toxoplasmosis. 

En cuanto al sexo, 22 hombres (el 20%) y 13 mujeres (12.4%) fueron positivos.

Los comprendidos en este 16.4% de la muestra no sabían que estaban enfermos, pues se mostraban asintomáticos. Así ocurre en la mayoría de los casos, de hecho, se estima que el 30% de la población mundial tiene el parásito y no lo sabe.

Por otra parte, los hombres infectados mostraron mayores niveles de testosterona en comparación con los hombres no infectados.

Los niveles incrementados de testosterona mostraron también relación con una mayor sensibilidad al rechazo y más síntomas psicóticos (por ejemplo ideas paranoides y delirios). 

En el caso de las mujeres no se observó diferencias en el nivel de testosterona entre participantes infectadas y sanas. 

Si consideramos que la testosterona ha sido asociada durante años con la aparición de varios trastornos mentales, no podemos eludir la importancia de estos resultados. 

En primer lugar, el estudio establece un puente directo entre la infección por T. Gondii, el aumento en los niveles de testosterona y la existencia de síntomas psicóticos presentes en enfermedades como la Esquizofrenia y el Trastorno Bipolar. 

Además, el estudio ofrece evidencia empírica sobre lo que muchos consideran el mito del libre albedrío. 

¿Realmente decidimos cómo comportarnos o en muchas ocasiones terminamos siendo ejecutores más que decisores?

 Al menos en los hombres infectados por T. Gondii, el incremento en la testosterona los colocaría en una posición de mayor vulnerabilidad para experimentar baja autoestima y quizás agresividad.

Por último, una lección que también nos brindan los resultados del estudio es que, en lo que respecta al comportamiento, existen demasiados factores que intervienen y que tienen influencia sobre nuestro modo de pensar, sentir y actuar. En ocasiones estos factores son visibles y evidentes, como por ejemplo, el trauma causado por un accidente de auto, o por la pérdida de un ser querido.

Sin embargo, en ocasiones no encontramos la respuesta a por qué alguien actúa de una manera o de otra. Justo en ese momento, quizás lo más conveniente sea pensar en lo que no percibimos a simple vista. Neuronas, circuitos cerebrales, hormonas, neurotransmisores y, a veces, algunas veces, parásitos. 

 
 
 

Te deseo una excelente semana!


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