Estrés psicológico y salud cerebral en la esclerosis múltiple
Breve evidencia

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Hoy presentamos un tema de mucho interés: Estrés Psicológico y salud cerebral en la esclerosis múltiple.

Rodneys M. Jiménez-Morales, PhD

Master en Psicología Médica y Doctor en Ciencias Psicológicas. Neuropsicólogo especializado en Esclerosis Múltiple. El doctor Jiménez-Morales es especialista en rehabilitación neuropsicológica y autor de PIRCO (Programa Integrado de Rehabilitación Cognitiva) un sistema de rehabilitación neuropsicológica dirigido específicamente a personas con esclerosis múltiple..

Son muchas las experiencias en personas con esclerosis múltiple (EM) que relacionan los acontecimientos vitales estresantes y el malestar psicológico con recaídas de la enfermedad. 

Aunque son pocos los estudios que examinan la relación entre acontecimientos vitales estresantes y marcadores de neuroimagen, las investigaciones apuntan cada vez más que el estrés psicológico puede exacerbar los síntomas de la enfermedad, empeorar la calidad de vida y predecir las lesiones cerebrales en la EM. 

La definición de estrés psicológico en sí misma es controvertida, pero en la EM se puede manifestar como la respuesta estresante del organismo ante la amenaza de la enfermedad y la incapacidad que tienen los pacientes en utilizar recursos psicológicos para afrontar diversas situaciones en la vida cotidiana. En este sentido, el estado de homeostasis del paciente se ve realmente amenazado, o se percibe que lo está, ante el surgimiento de nuevos agentes estresantes.

Estudios han demostrado que la respuesta biológica del estrés involucra diversos sistemas del organismo, incluido el sistema nervioso central, el eje hipotalámico-pituitario-adrenal y el sistema vascular. Todos ellos están estrechamente vinculados tanto a la inmunidad innata como a la respuesta adaptativa del organismo. Por lo tanto, resulta comprensible que el estrés psicológico pueda afectar el sistema inmunológico de una enfermedad que posee una patogenia autoinmune.

En la EM el estrés psicológico se puede manifestar como la respuesta del organismo ante la amenaza que representa la enfermedad y la incapacidad que tienen los pacientes en utilizar recursos psicológicos para afrontar diversas situaciones en la vida cotidiana


La Asociación Estadounidense de Neurología comunicó su preocupación y abrió las puertas a nuevas líneas de investigación dirigidas a dilucidar esta relación entre «estrés psicológico y exacerbación de la EM».

Siguiendo tal preocupación, varios estudios realizados por la Universidad de California en San Francisco mostraron que el aumento de conflictos en la vida cotidiana y las interrupciones de la rutina diaria de las personas con EM fueron relacionadas con un aumento de las probabilidades de desarrollar nuevas lesiones cerebrales ocho semanas después. Los mismos investigadores informan que los hallazgos brindan un apoyo modesto a la hipótesis de que los «estilos de afrontamientos» pueden moderar la relación entre el estrés y la actividad de la enfermedad. 

De esta forma se confirma cada vez más el aumento significativo del riesgo de exacerbaciones clínicas en la esclerosis múltiple después de eventos vitales estresantes. 

En la práctica clínica se ha informado acerca de narrativas que hacen notar la relación del estrés psicológico y el deterioro o aparición de síntomas clínicos. Por ejemplo, se han mostrado algunas verbalizaciones como: «después de la separación con mi esposo, tuve una crisis profunda» o «siento que los conflictos interpersonales en mi vida me fatigan bruscamente». 

Pero ¿qué acontecimientos vitales pueden generar exacerbaciones clínicas? 

Hasta la fecha los datos sugieren que diferentes «acontecimientos vitales» pueden tener efectos diferenciales en el estado de los pacientes con la enfermedad. De hecho, un análisis histórico del primer caso con diagnóstico de EM (1794-1848) publicó que el duque de Sussex, Augustus d'Este, informó en su diario personal síntomas característicos de la EM que comenzaron después de la muerte inesperada y el funeral de un ser querido.

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J. M. Charco también observó que circunstancias de la vida de las personas con estás enfermedades se asociaban con la manifestaciones clínicas. Desde el estudio de casos cito algunos ejemplos como: circunstancias de orden moral, estados prolongados en el tiempo como los generados por embarazo ilegal, falsa posición social en las mujeres y percepción de falta de medios para la «lucha por la vida» en los hombres.

Autores como Philippopoulos, Wittkower y Cousineau desde 1958 informaron de algunas «experiencias traumáticas» anteriores al comienzo de la enfermedad. En este sentido un grupo de estudios ha mostrado que una amplia gama de eventos de la vida se han asociado con el comienzo de la enfermedad o con la aparición de recaídas en la EM, incluidos eventos agudos o situaciones estresantes crónicas de diversa naturaleza y gravedad.

Se ha demostrado que formas particulares de presión psicológica, como la muerte de un familiar cercano, embarazo, cambio de rutinas personales, problemas conyugales, enfermedad física, dificultades financieras o profesionales, desempeñan un papel negativo en el pronóstico de la EM. Situaciones de estrés agudo (muerte de un amigo, matrimonio, intervención quirúrgica) o situaciones estresantes crónicas (por ejemplo, conflictos intrafamiliares) también podrían aumentar el riesgo de recaídas en la EM. Sin embargo, algunos estudios sugieren que el estrés crónico podría ser mucho más dañino que el estrés agudo.

¿El impacto de la enfermedad puede ser un factor estresante?

Se ha encontrado que la relación entre el estrés, la discapacidad y la autonomía es bidireccional. De esta forma, el empeoramiento de la enfermedad se ha relacionado con eventos estresantes relatados por los pacientes y, por otro lado, el aumento de la percepción de situaciones estresantes se vincula con el riesgo de recaídas en la EM. Es como un círculo vicioso. 

De hecho, se han descrito varias situaciones estresantes relacionadas con la enfermedad como principales detonadoras de recaídas.

  • El carácter cambiante y la naturaleza fugaz de los primeros síntomas en el debut de la enfermedad. Ejemplo: disminución de la actividad motora, fatiga y problemas en la visión.

  • La incertidumbre sobre la evolución de la enfermedad hace que los pacientes estén mucho más irritables y aumenta la fragilidad interpersonal.

  • El anuncio del diagnóstico hace que los pacientes tengan que redefinir su rol en las actividades de la vida cotidiana. Ejemplo: profesión, su vida privada y social, sus actividades y sus relaciones interpersonales.

Recomendaciones para el manejo de estrés

De forma general, existen diversas técnicas psicológicas que han mostrado eficacia para el manejo del estrés en diferentes enfermedades crónicas no transmisibles. No obstante, diversos estudios basados en la evidencia recomiendan varias técnicas que pueden resultar beneficiosas en la calidad de vida, depresión, fatiga y estrés percibidos en personas con EM remitente-recurrente y primaria progresiva. Dentro de ellas se destacan programas que incluyen estás técnicas:

  • Enseñar habilidades de resolución de problemas, relajación, aumento de actividades positivas, reestructuración cognitiva y mejora del apoyo social.

  • Capacitación en comunicación y asertividad, manejo de la fatiga, reducción de la ansiedad, manejo del dolor, manejo de problemas cognitivos, tratamiento del insomnio y manejo de la disfunción sexual.

  • Entrenamiento de la atención plena (mindfulness): El entrenamiento de mindfulness consiste clásicamente en la instrucción de tres técnicas de meditación: conciencia de la respiración, conciencia del cuerpo y posturas dinámicas de yoga. Es segura, fácil de aplicar y se ha demostrado su valor potencial en el sistema neuroinmunológico. 


Resulta de vital importancia dedicar un tiempo a comprender este fenómeno que a veces resulta invisible y a la vez mortal. Por lo tanto, la búsqueda de actividades en la vida cotidiana que promocionen la salud cerebral en la EM puede ser la clave para la prevención del agravamiento de la enfermedad. De esta forma la frecuencia e intensidad del entrenamiento de mindfulness, ejercicios aeróbicos y el apoyo psicológico como parte de hábitos de vida, pueden ser cruciales para combatir el estrés psicológico.

Parece probable que en un futuro próximo corresponde trabajar de manera multidisciplinaria para establecer el enfoque terapéutico adecuado.

Gracias por acompañarnos. Recuerda que si te interesa algún tema específico solamente debes dejar la propuesta en la sección de comentarios.
¡Hasta pronto!

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