¿Es la COVID-19 un riesgo para nuestra salud cognitiva?

El COVID-19 ha sido el principal titular desde 2020. Desde su aparición en diciembre de 2019 el mundo ha enfocado toda su atención sobre esta enfermedad y también sobre el virus que la causa: el SARS-CoV-2.

El SARS-CoV-2 es un coronavirus respiratorio que afecta al sistema nervioso provocando una amplia variedad de manifestaciones neurológicas en los pacientes infectados. Las alteraciones neurológicas reportadas hasta el momento (presentes en aproximadamente el 40% de los casos positivos) abarcan los mareos, el dolor de cabeza (cefalea), dolores musculares (mialgias), pérdida del sabor (hipogeusia), pérdida del olfato (hiposmia), daño en varios nervios del cuerpo (polineuropatía), inflamación de músculos esqueléticos (miositis), accidentes cerebrovasculares, etc.


¿Cómo infecta el SARS-CoV-2 a nuestro sistema nervioso?

Hasta el momento se han propuesto dos mecanismos principales a través de los cuales los coronavirus podrían invadir el Sistema Nervioso Central (SNC). Uno de ellos plantea que la infección logra “burlar” la barrera hematoencefálica (una barrera protectora entre los vasos sanguíneos del cerebro y los tejidos cerebrales), mientras que el segundo mecanismo sugiere que el virus afecta las neuronas que detectan los estímulos olfativos (neuronas sensoriales) para luego viajar hasta el SNC.

Esta especial vulnerabilidad del Sistema Nervioso Central frente al SARS-CoV-2 ha conllevado a que el empleo del término Neuro-COVID-19 sea empleado cada vez con más frecuencia. Adicionalmente, se ha incrementado el interés por conocer cómo el SARS-CoV-2 afecta la salud cognitiva de los pacientes y también de las personas recuperadas de la infección.

¿Es la COVID-19 un riesgo para nuestra salud cognitiva?

Existen evidencias obtenidas durante emergencias de salud previas donde se comprobó el impacto negativo de varias enfermedades respiratorias sobre el funcionamiento cognitivo. Por ejemplo, en el pasado alrededor del 15% de los pacientes infectados con el Síndrome Respiratorio Severo Agudo (SARS) o el virus Respiratorio del Medio Oriente (MERS) mostraron afectaciones en procesos cognitivos como la memoria y la atención.

Los resultados preliminares han comprobado la presencia de déficits cognitivos en pacientes positivos a la enfermedad y también en personas recuperadas de COVID-19. Entre los procesos cognitivos que han reportado déficit se encuentran la atención sostenida, la memoria, la memoria de trabajo, la flexibilidad mental y el lenguaje.


¿Quiénes son más vulnerables a desarrollar dificultades cognitivas?

Entre los grupos más vulnerables para desarrollar alteraciones cognitivas a causa de la infección por COVID-19 se encuentran los pacientes con antecedente de enfermedad neurodegenerativa.

Por ejemplo, los pacientes positivos al SARS-Cov-2, y que además han sido diagnosticados con la enfermedad de Huntington, la Esclerosis Lateral Amiotrófica, la Enfermedad de Alzheimer, la Esclerosis Múltiple o la Enfermedad de Parkinson, se encuentran entre los más vulnerables, requiriendo un seguimiento estrecho de su salud cognitiva luego de resultar negativos a la presencia del virus.

¿En qué enfermedades puede ser mayor el impacto cognitivo del SARS-Cov-2?

 

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Enfermedad de Alzheimer
 

Trastorno neurológico progresivo que hace que el cerebro se encoja (atrofia) y que las neuronas cerebrales mueran. La enfermedad de Alzheimer es la causa más común de demencia.

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Esclerosis Múltiple
 

Es una enfermedad autoinmunitaria que afecta el cerebro y la médula espinal (sistema nervioso central). La EM es causada por el daño a la vaina de mielina,  provocando que  los impulsos nerviosos disminuyan o se detengan.

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Enfermedad de Parkinson
 

Enfermedad progresiva del sistema nervioso que afecta el movimiento. Los temblores son habituales, aunque la enfermedad también suele causar rigidez o disminución del movimiento.

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Adicionalmente, se ha sugerido que los pacientes positivos al SARS-Cov-2 que además presentan alguna alteración metabólica (por ejemplo obesidad, diabetes y la hipertensión arterial) podrían tener un riesgo mayor de desarrollar demencia a largo plazo.

Sin embargo, y a pesar de los resultados anteriormente descritos, todavía se desconoce adecuadamente el perfil cognitivo de los pacientes recuperados de COVID-19. En nuestra opinión son varias las razones que condicionan la poca disponibilidad de estudios sobre las afectaciones neuropsicológicas en pacientes recuperados de COVID-19. 

¿Por qué sabemos tan poco sobre el impacto negativo del SARS-CoV-2 en la salud cerebral y cognitiva?

En primer lugar, los estudios sobre las secuelas del SARS-Cov-2 se han enfocado fundamentalmente en variables “clínicas”, especialmente las manifestaciones respiratorias y neurológicas. Este aspecto es compresible si consideramos que la enfermedad se declaró como pandemia a inicios de 2020 y, aunque se ha avanzado en su estudio, todavía se desconocen muchos de sus efectos a mediano y largo plazo.

Por otra parte, la implementación de las medidas de confinamiento orientadas a reducir la propagación de la enfermedad ha colocado una presión adicional sobre los servicios de psicología y neuropsicología, dificultando las acciones de exploración y rehabilitación neuropsicológica en sus variantes tradicionales (cara a cara). 

Adicionalmente, en el orden metodológico existe multiplicidad de variables relacionadas con la enfermedad por COVID-19 que se vinculan con el funcionamiento cognitivo, lo cual constituye un reto adicional para el desarrollo de los estudios sobre este tema.

Estas variables guardan relación con el curso de la enfermedad, los medicamentos empleados para el manejo de la infección, la respuesta emocional de los pacientes desde el momento del diagnóstico y posterior al alta clínica, las secuelas físicas y psicológicas, el impacto de las alteraciones cognitivas en las actividades de la vida diaria, entre muchas otras. 

¿Por qué sabemos tan poco sobre las secuelas cognitivas?

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Los estudios sobre las secuelas del SARS-Cov-2 se han enfocado fundamentalmente en variables “clínicas”, especialmente las manifestaciones respiratorias y neurológicas. 
2
El confinamiento  ha colocado una presión adicional sobre los servicios de psicología y neuropsicología, dificultando las acciones de exploración y rehabilitación neuropsicológica en sus variantes tradicionales
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Existen muchas variables relacionadas con la enfermedad lo cual constituye un reto adicional para el desarrollo de los estudios sobre este tema.

En nuestra opinión, el control minucioso de estos factores constituirá la plataforma fundamental para enfrentar el mayor de todos los retos en el campo del bienestar cognitivo de los pacientes recuperados de COVID-19: la rehabilitación neuropsicológica. 

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