Aislamiento social, soledad y demencia
¿Es más riesgoso «estar solo» o «sentirse solo»?

En 1992 Robin Dunbar, un antropólogo británico, publicó en la revista Journal of Human Evolution un artículo titulado «Neocortex size as a constraint on group size in primates» (El tamaño del neocórtex como limitación del tamaño del grupo en primates) (Dunbar, 1992). En este estudio, Dunbar se propuso demostrar que en los primates el tamaño del neocórtex y del resto del cerebro, aumenta proporcionalmente con relación al tamaño del grupo social al que pertenecen.

Esto significa que, desde el punto de vista evolutivo en la medida que un individuo se relaciona con más miembros de su misma especie de forma estable, mayor es el tamaño promedio de su cerebro, y particularmente de las regiones corticales encargadas de la autorregulación. El neocórtex es la parte del cerebro que se encarga de las funciones cerebrales superiores (más complejas), como la percepción, la planificación del comportamiento, la memoria, la toma de decisiones, el lenguaje, entre otras.

De acuerdo con Dunbar, el mono Tamarin (con un grupo social promedio de aproximadamente 5 miembros) tiene un cerebro más pequeño que un  macaco (cuyo grupo social es de alrededor de 40 miembros) y ambos tienen un cerebro más pequeño que el de los humanos, que  tenemos un tamaño de grupo social esperado de alrededor de 150 personas, aproximadamente el tamaño de lo que Dunbar llamó un «clan».

Esta interesante investigación dio paso a lo que actualmente se conoce como la «Hipótesis del cerebro social». Según Dunbar, el tamaño relativo del neocórtex aumentó en la medida en que los grupos sociales se hicieron más grandes, permitiendo de esta forma mantener el complejo conjunto de relaciones necesarias para una coexistencia estable y exitosa.

En este sentido, de la misma forma que nuestra pertenencia a redes sociales amplias fue clave para el desarrollo del cerebro a lo largo de millones de años de evolución, el mantenimiento de vínculos interpersonales durante toda la vida es un factor determinante para mantener nuestra salud cerebral y cognitiva. Sobre la relación existente entre el aislamiento social, los sentimientos de soledad y nuestra salud cognitiva estaremos conversando en nuestro artículo de hoy.

¿Es lo mismo «aislamiento social» y «soledad»?

La soledad debe distinguirse del aislamiento social. Mientras que el aislamiento social se considera una condición objetiva que surge cuando alguien no tiene suficientes personas a su alrededor (tomando como referencia, por ejemplo, su estado civil, número de hijos, cantidad de personas con las que vive) la soledad se conoce como un sentimiento angustioso subjetivo de alienación (experiencia de sentirse solo) (Cacioppo et al., 2015). 

Por lo tanto, uno puede estar socialmente aislado sin sentirse solo, o sentirse solo sin estar socialmente aislado. La soledad percibida, en sí misma, está asociada con una peor salud física, incluyendo un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, mortalidad por todas las causas, presión arterial elevada y una mayor respuesta inflamatoria y metabólica cuando se experimenta elevados niveles de estrés.

La soledad también predice el desarrollo de cardiopatía coronaria y accidente cerebrovascular, una tasa de crecimiento más rápida de la presión arterial sistólica, y el desarrollo de fatiga y dolor (Steptoe et al., 2013).


Pero la soledad y el aislamiento social también guardan una estrecha relación con la salud mental. Por ejemplo, existen evidencias que relacionan a estas dos categorías con el desarrollo de psicosis, síntomas depresivos, trastornos de la personalidad, abuso infantil, trastornos del sueño, suicidio, deterioro cognitivo, dificultades en el control de impulsos y más recientemente enfermedad de Alzheimer (Wang et al., 2020).

¿Incrementan la soledad y el aislamiento social el riesgo de desarrollar demencia?

El envejecimiento demográfico mundial también viene acompañado de un número cada vez mayor de personas que viven solas, que es un factor de riesgo bien conocido para el aislamiento social y la soledad percibida.

En el más reciente reporte de la Comisión Lancet se sostiene que el contacto social es un factor protector que mejora la reserva cognitiva, mientras que el aislamiento social constituye un factor de riesgo para el desarrollo de demencia durante la adultez mayor. Los autores del reporte estiman que el 4% de todos los casos que reciben el diagnóstico de demencia cada año, tienen como principal factor de riesgo el aislamiento social (Livingston et al., 2020).

Sin embargo hay estudios que sostienen que es la soledad percibida y no el aislamiento social la que incrementa el riesgo de demencia. Esta es la conclusión a la que arribaron un grupo de investigadores holandeses luego de dar seguimiento a 2173 adultos mayores durante 3 años (Gilbert & Herbst, 2014).

Luego de ese tiempo los autores del estudio comprobaron que los participantes que se «sentían solos» tenían un mayor riesgo de demencia que quienes «estaban solos», independientemente de si presentaban o no una enfermedad vascular, depresión u otros factores de riesgo.

Estos resultados han sido corroborados por otros grupos de investigación. Por ejemplo, en un estudio donde se resumió la evidencia sobre este tema (relación entre soledad y riesgo de demencia), realizado con la colaboración entre universidades australianas y norteamericanas, se comprobó que un bajo nivel de participación social estaba asociado con un mayor riesgo de desarrollar demencia. Para llegar a esta conclusión se analizaron los resultados obtenidos por 33 investigaciones llevadas a cabo entre 2012 y 2017, abarcando a más dos millones de participantes (Penninkilampi et al., 2018).


Otro importante estudio fue realizado en el Reino Unido, donde se monitorearon durante 28 años a más de 10 300 personas. En esta investigación se encontró que cuanto mayor era el contacto social a los 60 años, menor era el riesgo de desarrollar demencia durante los 15 años posteriores. Este hallazgo sugiere que un mayor vínculo social durante la mediana edad (entre 45 y 65 años) se asocia con una reducción modesta en el riesgo de demencia, independientemente del nivel socioeconómico y otros factores de riesgo asociados con el desarrollo de deterioro cognitivo (Sommerlad et al., 2019).

¿Los sentimientos de soledad son causa o consecuencia del desarrollo de demencia?

Esta pregunta es muy interesante y encontrar una respuesta satisfactoria no es tarea sencilla. Siendo honestos debemos asumir que un poco de ambos. Por una parte, la experiencia de soledad puede afectar la cognición, y de modo particular la memoria, al reducir la actividad cognitiva y la reserva neuronal al disminuir la arborización dendrítica en las áreas prefrontal y también en el hipocampo.

Las dendritas son estructuras neuronales especializadas en recibir la información y durante el proceso de aprendizaje y consolidación de las memorias aumentan en número, como parte de los procesos de almacenamiento a largo plazo. Esto traería como consecuencia un deterioro de la memoria y también de la regulación del comportamiento (Wilson et al., 2007).

Además, la reducción de los contactos sociales podría también incrementar la vulnerabilidad al estrés en los adultos mayores, favorecer una mayor experiencia de síntomas depresivos y también ansiosos. El estrés, la depresión y la ansiedad tienen un impacto negativo sobre los procesos cognitivos, relación que hemos abordado en artículos anteriores.

Por otra parte, el incremento de la experiencia de soledad y los comportamientos de aislamiento social también podrían ser una señal de alerta sobre la existencia de un proceso de neurodegeneración en desarrollo. Por ejemplo, los sentimientos de soledad pueden considerarse como una manifestación del deterioro de las habilidades sociales, una manifestación que se consideran parte del cambio de personalidad que acompaña al proceso de demencia.

Además, durante los estadios iniciales de la enfermedad de Alzheimer se observa un deterioro de los procesos de cognición social, o sea los mecanismos cognitivos a través de los cuales  comprendemos nuestra experiencia emocional y la de los demás, interpretamos los deseos e intenciones de las personas, regulamos el comportamiento y somos flexible en las interacciones sociales.

La existencia de dificultades en procesos de cognición social puede llevar a un mayor aislamiento social, considerando que los pacientes podrían presentar menos competencias sociales (por ejemplo dificultades para reconocer expresiones faciales) (Sollberger et al., 2009).

Como podemos comprobar la relación aislamiento social-soledad-demencia está lejos de ser sencilla y necesita de una comprensión multicausal y bidireccional.

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RANY Insights

 

Riesgo...

El 4% de todos los casos que reciben el diagnóstico de demencia cada año, tienen como principal factor de riesgo el aislamiento social.

 

Prevención...

Cuanto mayor es el contacto social a los 60 años, menor es el riesgo de desarrollar demencia durante los 15 años posteriores.


Más información

Estrategias para afrontar la soledad

En artículos anteriores hemos repasado actividades que favorecen la reserva cognitiva y que pueden ser consultados nuevamente. No obstante, existen actividades que podemos recomendar y que podrían ser útiles dependiendo de la experiencia y posibilidades de cada persona. Aquí comparto algunas de ellas:

  • Inicia pequeñas charlas con personas nuevas: no tienes que contar la historia de tu vida pero puede ayudar mucho conversar sobre temas cotidianos con personas que no conoces. Quizás menciones algo como el clima, tu equipo deportivo favorito, etc. Sin dudas puede ser extraño al inicio, pero podría ser un factor clave para romper el hielo.

  • Busca comunidades con intereses similares a los tuyos e involúcrate: podría ser un club de lectura (si disfrutas la lectura), o una intuición que realiza actividades de voluntariado, o tal vez un foro donde se discuten tema de computación. Si buscas encontrarás muchas personas con intereses que alinean muy bien con tus propósitos y gustos.

  • Realiza actividades físicas: esta recomendación la hemos realizado en muchos de nuestros artículos. En los lugares donde se practican ejercicios conocerás nuevas personas, y además, el ejercicio en sí mismo es un excelente potenciador de la reserva cognitiva y cerebral.

  • Muéstrate dispuesto a explorar nuevos escenarios: las personas que te rodean podrían percatarse de tu estado y hacerte invitaciones a compartir con ellos algunas actividades. No te autolimites y dales el beneficio de la duda. Participa, aprende y comparte con otras personas.

  • Reconoce cómo te sientes y compártelo con otros: La soledad es una experiencia humana común y normal. Un primer paso, y quizás el más importante, es reconocer esto y aceptar que lo que sientes es parte de nuestra naturaleza.

  • Consigue una mascota: especialmente los perros y gatos ofrecen muchos beneficios, y uno de ellos es prevenir la soledad. Rescatar a una mascota combina los beneficios del altruismo y el compañerismo, y combate la soledad de varias formas.

  • Busca ayuda profesional: en ocasiones se necesita un poco de ayuda y compartir lo que te sucede con un experto es una alternativa que siempre está disponible. Algunas formas de terapia, especialmente la terapia cognitivo-conductual (TCC), pueden ayudarte a cambiar tus pensamientos y acciones, reducir la experiencia de soledad y también te ofrecerá herramientas para prevenirla.

Hagas lo que hagas para combatir la soledad, debes saber que realmente no estás solo y que hay muchas cosas que puedes hacer para sentirte más conectado.

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Hasta pronto.

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Apuntes basados en la evidencia